Ser un agente de cambio social más que un nombre o simple enunciado es una actitud, una postura, donde el individuo establece principios de vida significativos que le permiten llevar adelante actividades que promuevan transformaciones de índole social con un carácter profundamente trascendente en el entorno donde actúe. De tal manera que se pueda efectuar cambios eficientes, eficaces y efectivos para y con el planeta.

Comenzando con el fin en la mente, la meta de un agente de cambio es, obviamente, realizar cambios que perduren. El resultado de sus actividades, es permitir a las personas hacer más, o encontrar una perspectiva nueva y mejor en la vida. A veces, esta última idea es la base para los cambios futuros que logran los resultados que antes no eran alcanzables.